Manual de instrucciones

¿Por qué no pan, ni alforja, ni dinero, ni túnica de repuesto? Por que tendrán que ir ligeros, de equipaje y preocupaciones. ¿Por qué bastón y sandalias sí? Por que van a tener que andar mucho, e ir lejos.

La evangelización no es organizar eventos, tocar la campana y esperar a que venga gente. Para evangelizar hay que salir de dos en dos, por que el uno se apoyará en el otro y el otro vigilará al uno. Y quedarse en las casas pero solo hasta que haya que irse de allí. El plan no es establecerse, sino seguir el camino sin llevarse nada.

Todo evangelizador, o sea todo cristiano, ha de seguir estas instrucciones. ¿Cómo hacerlo quedándose en casa? No teniendo un espíritu acomodado. No cerrarse a lo nuevo y desconocido: personas, métodos, expresiones,… No apegándose a puestos, cargos, tareas, posiciones,… No esperando a que lleguen los recursos para emprender.  Yendo solo cuando se es enviado, lo cual implica que uno no hace lo que quiere y lo que le gusta sino aquello para lo que se le necesita. Aceptando compartir la misión, por que cuatro ojos ven más que dos.

En definitiva, estas instrucciones, nosotros, que lo más seguro es que nunca salgamos de nuestras parroquias, tenemos que ver cómo aplicarlas.

Y para terminar: «Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.» Predicar. Muchas veces decimos: «Oh, son los pobres y los alejados los que me evangelizan a mí»: no hijo, eres tú el que evangeliza, o no. Por que no te predicas a ti mismo. Tú no eres más que nadie, pero tienes una Buena Noticia y otros no la tienen; echar demonios. ¿Con qué autoridad? Con la que te da el bautismo; ungir con aceite y curar enfermos. Por que tú no tienes poder, pero Dios sí.